segunda época




Las intrigas pala-ciegas de iu tú (o cómo me volví un iconoclasta):



Diálogo confidencial de la cumbre "progresista" en La Moneda:



Bono-bon: - Ricardou, mí no comprender bien qué decir leyenda del cuadrou. Tú explicar, plis.

Don Richy: - Mmh. Tá difícil la custión. Por lo que alcanzo a leer, creo que dice: “La escoria es nuestra, y la hacen los acuerdos…" ¡Chupalla, no veo ná! Es que ya me estoy quedando ciego. Tal vez tenga que viajar a Cuba para operarme de la vista…

Báinstain, er ministro de curtura: - ¡Hic! Taba weno el aperitivo, presidente…

Bono-bon: - Chile tiene un gran futuro. ¡Salud!

Don Richy: - Voy al ñoba. Esquiúsmi.


Instrucciones para robar los libros de la Biblioteca de Santiago:


- Tome usted el metro y bájese en la estación Quinta Normal. Camine unos tres o cuatro minutos hacia el sur, hasta dar con la biblioteca de marras. Es grande y bonita. Luego entre.

- No hace falta poseer carné de socio para hojear los libros de la biblioteca. No es necesario ningún tipo de prerrogativa especial. Simplemente diríjase a la sección de su agrado (la de literatura está en el tercer piso, ala este) y coja el libro que se le antoje.

- Una vez que tenga el(los) ejemplar(es) de su elección en la mano, ubíquese en un sector aislado del recinto (por ejemplo, en la cápsula de madera destinada a la lectura infantil de la primera planta) y proceda a retirar cuidadosamente el sello autoadhesivo de la biblioteca, que por lo general se encuentra al dorso de la contratapa, o bien bajo la solapa posterior del ejemplar. Es un cuadradito blanco con el logo de la institución. Pero insisto: sáquelo con cuidado, para no herir las hojas del fetiche.

- Si detecta usted cualquier otro autoadhesivo alusivo a la Biblioteca de Santiago en el ejemplar, retírelo también. Y olvídese de los timbres.

- Eche un vistazo alrededor para comprobar que nadie ha reparado en sus maniobras, y atraviese, con su(s) ejemplar(es) bajo el brazo, el pórtico del establecimiento. Para tales efectos, ponga la mejor cara de nada que le sea posible. Acuérdese de cuando jugaba póquer.

- Tome el metro nuevamente y váyase a su casa. (También puede hacer parar una micro y pedirle al "tío" que lo lleve "por monedas").

- Disfrute de su adquisición y tranquilice su conciencia pensando que no se trata de un robo, sino más bien de una recuperación. Y si estudió en un colegio público, trate de llevarse varios. Los dioses están con usted.

Amén.



(El mapa del tesoro).




(Otrosí: Al retirar los autoadhesivos se recomienda arrugarlos, destruirlos y guardar los picadillos en el bolsillo. Cuando ya haya salido, échelos a un tacho).






Pildoritas festivaleras


(Viña)



El festival de Viña es el acabose de la postmodernidad. No tiene sentido. Ayer lo sintonicé para ver a A-ha (un show bastante güeno) y después vino una cortina musical. La masa estaba hambrienta. Seguro encontró que los noruegos ochenteros estuvieron muy poco rato y quería más. Pero lo que vino a continuación era un bodrio: Los tigres del Norte, un grupo fronterizo mexicano, de esos que cantan canciones de narcotraficantes y espaldas mojadas por el Río Bravo con un look medio circense o similar al de las paquitas del viejo Show de Xuxa.

No gastaré más caracteres descalificando a estos sujetos venidos a Chile desde el rinconzuelo más inhóspito de los desiertos de Sonora. Tampoco en elogiar a A-ha ni mucho menos a los Chancho en Piedra, una banda de peso específico equivalente a cero y cuyas letras más sesudas su guitarrista entregó a los títeres de 31 Minutos.

Pero sí me llama la atención la feliz convivencia de una fauna tan divergente en un mismo escenario, la misma noche y enfrentada al mismo público. De hecho, no lo puedo creer. O más bien: me sirve para concluir que quienes concurren a Viña ni siquiera prestan oído a lo que oyen y actúan obnubilados por el pirotécnico despliegue de símbolos que desfilan ante sus ojos, así como los siervos del Medioevo se prosternaban ante su señor (guardando las proporciones del caso, claro está).

En suma, un espectáculo sin sentido para espectadores ídem. Disparatado, pero no por eso positivo o negativo, ni bueno o malo. Simplemente un flato hilarante, que por cierto seguiré sintonizando si pillo algo que me apetezca.

P.S:

Otra cosa: Me gustaría que hubiera una campaña para que Radiohead venga a Chile. La única vez que han tocado en Sudamérica fue para un Concierto de Rock en Río, me parece. Y aunque ya me dan un poco de sueño, confieso que gran parte de lo que sé de inglés lo aprendí traduciendo sus letras. Hablaban siempre de lo mismo: puro snif, snif, snif. Pero son wenos. En fin, cosas de la adolescencia.


Mi pera me exaspera



Hipócrita lector, mi semejante, mi hermano:

Supongo que a ti, como a todos, también te gusta "pegar en la pera". A quién no. Es cómodo y fácil. Pero cuando uno se lo toma literalmente, cambia la leserita. Yo mismo cuando era chico me accidenté en tres oportunidades golpeándome la mandíbula por debajo. O sea, me pegué 3 veces en la pera.

Era una verdadera idiotez persistente, un destino trágico, unamuniano. La primera caída sucedió a los 4 años y desde una silla en la cual me balanceaba como el buen personaje reconcentrado que resulté ser. La segunda vez ya era un poco mayor y ocurrió jugando pendejilmente en unos juegos de madera de un parque. La última fue la peor y la más ridícula: tenía como diez años y se me ocurrió lanzarme de espaldas a una piscina bastante profunda. Erré mis cálculos y no me impulsé lo suficiente como para evitar golpearme la pera con el borde de la piscina. Por suerte tenía la boca cerrada y la lengua alejada de mis dientes (de lo contrario, ahora no podría leer en voz alta lo que escribo o quizás sonaría como húngaro).

En fin. Luego de tan amargas experiencias quedé con una sexy herida de guerra a la altura del mentón, que hoy oculta mi barbilla (aquí, risas) y aprendí a ser un poco más prudente. (Sólo un poco, porque todavía no aprendo a mirar a ambos lados antes de cruzar una calle y acostumbro pisar sin querer queriendo la línea amarilla en el metro).
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Y sin embargo, tú te preguntarás, legítimamente: “¿qué me importa a mí la pera de este huevón?”. Pues bien, he de explicarlo: es sólo una excusa fácil para escribir algo en mi blog y -a propósito de escopeta- aprovechar de recordarle públicamente a mi prima Lore, que vive en Canadá, que por favor me responda las preguntas que le envié por mail con respecto a aquella helada región del mundo. Así que: un saludo a ella y a todos los que me conocen.

Y disculpe lo poco (en todo caso, queda el espacio abierto para hablar de la dura vida de los emigrantes, de cómo cruzar la calle correctamente o de mi accidentada pera).

Bye. Su propina es mi sueldo.


elsíndromedelapáginaenblanco



Una Verdad como un Templo


Ahora procederé a contaros una historia de terror. Una que está de pelos.

Transcurría el invierno del año 2004 de la Era del Señor. A la sazón, oficiaba yo como un funcionario más del vasto contingente periodístico del llamado “Decano” de la prensa chilena. Pero –todo hay que decirlo– era sólo un funcionario de poca monta. Un mero asesor de fines de semana.

Dada mi condición etaria (tenía apenas 21), recibía un trato de “buen suche” por parte de mis colegas del cuerpo de Recortajes, casi todos titulados y mayores que yo. Así que con el transcurso del tiempo me dediqué –o me dedicaron– a hacer el trabajo sucio, el que tal vez menoscababa la dignidad o el prestigio profesional del resto (notas breves, artículos menores, edición de textos y un largo y apasionante etcétera que incluía entre otras infartantes ocupaciones el descasetear las entrevistas ajenas). En todo caso, yo ni reclamaba, como todo buen asalariado a contrata de país aún medio subdesarrollado, pitutero y con escaso nivel de sindicalización.

En fin. Durante aquellas pedagógicas jornadas aprendí muchas cosillas, mañitas varias del oficio, que hubieron de servirme en mi posterior desempeño periodístico e incluso en mi vida personal. Aprendí, por ejemplo, que cuando se piensa publicar un rumor basta con consultar una sola fuente y luego redactar todo en modo condicional, sin firma. Aprendí también que el ego de las vacas sagradas es un edificio inexpugnable que sólo se viene abajo si se cuenta con una grúa tan poderosa como el sobre azul fulminante o las postmodernas políticas de “modernización” de la empresa. Y aprendí, finalmente, que la estabilidad es un vocablo inexistente en el anoréxico diccionario del periodismo chileno.

Pero –dejándose de cursilerías–, sobre todo aprendí a corregir textos. Corregí muchísimos. Los artículos del resto de los periodistas, los de los columnistas, y hasta los de autoría personal que sobrevivían al cedazo de mi editor o incluso al del antiguo enclave talibán que era el departamento de “Corrección de pruebas”.

Pero bueno, al grano. El asunto es que alguna noche de turno llegó por vez primera a mis manitos de tijera la columna del nimbado y pechoño “Curasbún”. Sí, como leíste. El mismísimo engendro fascista que hasta hace no muchos años lanzaba sus diatribas semanales por las respetables páginas de “El Decano” y que hace un rato nomás acabo de toparme por causalidad en la pantalla de mi tele, bendiciendo con sus maldiciones al resto de los mortales, gracias a la inefable señal de Meca, o de Mega, perdón. Un sujeto de otra Era, de antes de los tiempos, del Medioevo o de la Prehistoria, diría yo.

Y bueno, a partir de esa vez y durante varios meses, yo cogí sus textos y me puse a rizar el rizo con sus palabrotas. Armaba bajadas, estrujaba párrafos, cortaba aquí y allá y al final lo dejaba todo tiquitaca para la edición dominical. Recibía felicitaciones de todos.

Hasta que una condenada noche se me apareció mientras dormía. En el sueño. O en la pesadilla, mejor dicho. Me miraba como desde un púlpito infernal y me preguntaba con una voz que parecía cruzar la Capilla Sixtina de extremo a extremo: “Cansadorintrabajable, pequeño plagiario de segunda, ¿cómo te has portado?”. Así me decía el hijoputa. Entonces yo miraba hacia arriba y veía cómo se dejaba caer sobre mi cabeza la cúpula completa de la iglesia. Me quedaba absorto y con el cuello torcido en noventa grados contemplando cómo se desplomaba toda su Verdad sobre mis sienes.

Parece que entonces me moría. Aunque nunca lo supe, porque me desperté antes. Me puse a transpirar como condenado y asumí que mi destino ya estaba sellado.

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Ahora duermo con las luces prendidas todas las noches, por si las moscas. Es que me da chustito.

Salud!



Febrero en Santiago. Vagaciones estivales. Todo el aburrimiento del universo condensado en cuatro semanas y aplicado por goteo. La sentencia inapelable del demonio del sopor. De patitas en la pichina armable (2x2) o hurgueteando bolsillos más profundos que el alma de N.S.J. Comiendo tomates del huerto. Estrujándolos. Ahogando abejas en el agua clorada. Urgido por las acrobacias del pit bull vecino o contemplando sin chistar la caída de los ídolos. Sumergido, cabeza y todo, quince centímetros bajo la superficie. Leyendo hasta el envase del champú. Sin parar. Sin parar.

Un playlist interminable en la habitación y cero propuestas para decir yapo.

Looking for troubles.


condoricosas


Mi mami dice que soy un vanguardi-
sta.


serie filial


Hijito de papá.

Y entonces mi viejo me dijo: “Tienes que ser más autoexigente”.

— Ya, poh —le respondí—. Quiero un 4x4.


¿Hijo de tigre?

— Mamá. Quiero ulpo.
— No hay harina tostá, mijito.
— No importa. Me gusta aguaíto.


Ijo de Parra, escuincle cabrón (1).

— El dios es un pequeño Poeta.
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(1) Nota del traductor: Algo así como “chuchetumare”, pero en mexicano.



~ •°° *- kåRr3tEenVåLpITo -* °° • ~




ia cauros no aia posteao na

ke me da lata skrivir...

po aka ta la jotito ke nos tomamos en ~ •°° *- balpito -* °° • ~

los estrañooOOoo...nO saben cuantO....

jajije posten po amiguis

xao

°° *- b-* °°


Segundos antes del siniestro


Ya cabros, aquí me tienen de vuelta, rememorando carretes de largo aliento, confusas miradas en un departamento porteño, voces que me piden que les sirva más chela, que les bailen, risas sin motivo, ja ja, oscuras peticiones, penitencias, pendejadas, la alfombra llena de manchas, alguien que me dice oiga estoy de cumpleaños, papá, papurri, así nomás, sin sentido, como un gesto gratuito y un poco a la fuerza, pero qué se le va a hacer, no hay otra, póngale wendy, total mañana no vamos a tener la misma edad, las calles se irán poniendo moradas de tanta noche y uno aquí clavado, pidiendo más tiempo pa vivir, pa seguir pensando en qué vendrá, y el próximo carrete, luego luego, cómo lo haremos, dónde, si ya no nos queda fuerza, pero ya se nos va a ocurrir, don't worry, take it easy compadre, partiremos de repente, volveremos a valpo, cuando ya no exista ni departamento ni huevo ni mar ni nada, un puro cerro metido entre otros cerros, y el plano, extendido como una alfombra, a nuestros pies, una alfombra llena de manchas, un pedazo de género usado mil veces, parchado, arrugado como nosotros, cuando no tengamos tiempo ya de recordar ni fonsis ni chester ni fido didos ni esos marcianitos verdes que tanta risa te dieron, los marcianitos de la coca cola que uno pegaba en el refri, los calugones kegol (los de menta, mmm, la acidez en la lengua), manjares en tubito, arenoso, ¿te acordai?, qué gran pendejada ¿verdad?, casi un tema que olvidar, traga traga, miti miti chocolate menta, calugas linic con su dosificador azul, un producto como los que ya no se ven, cabros, qué más les puedo decir, quién quiere más chela, lástima que ya no quede mucha, pero habrá que bajar a comprar más nomás, no queda otra, no nos vayamos a poner mamones ahora, justo ahora que la noche está tan abierta, como en el verano, ja ja ja, la dura, y el balcón, y los vasos, quiero más, sirve luego huevón, y los vasos de batman, ah, te acordaste huevón, salud, la pura cara, esos que se prendían en la oscuridad, salud compadre, cuando ya nadie metía bulla, todo piola, a ver huevón, baja un poco el volumen, que los vecinos me huevean y chucha, mañana tengo clases, puta que son huevones, más piola tiene que ser, que qué dijiste, ¿qué chucha?, ¿los programas de animalitos?, ¿que te gusta el dragón de komodo?, ya, ya, ya, sí, sí, sí, mejor apaga esa huevá y vamos a acostarnos de una buena vez. Tai demasiado curao.

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(en estos días tiraré de nuevo las cosas que más me gustaron del blog anterior, y la foto es de valpo).




Cervantes no pisó nunca un taller literario. Tampoco tenía blog.


Odio a los Pit Bull





Estaba Marco Antonio disgustado.
Le molestaba la autocomplacencia,
la escasa ocupación, la displicencia,
de los legisladores del Senado.

“Qué burla, qué ironía, qué demencia”
–decía para sí, malhumorado–.
Sucede que estando junto al prado,
en su casa, tuvo una experiencia.

Y se trató de una vivencia amarga:
mientras echaba agua a su piscina,
el perro del vecino fue a la carga.

La bestia, de mandíbula asesina,
frustró, para su suerte, su descarga.
(Marco demanda: “¡Ley anticanina!”).

Más allá de la rima fácil, lo descrito corresponde plenamente a la realidad.




::Inventario deux::

Aprender a cocinar sirve. Harto.

En lo personal, después de salir medianamente adelante con el arroz, los tallarines y el puré en caja, espero poder aventurarme con algo más complejo. Un charquicán, por ejemplo.

Así estaré listo para la plena autonomía.

Lo otro que está pendiente es aprender a conducir de verdad, porque de nada sirve la teoría sin la praxis, como dijo el filósofo barbón. Y ya quisiera yo verme al volante esquivando "eventos" y/o espantando ciclistas. Todo un desafío... ¿veldá? (Afírmate, Santiasco).


* La foto no tiene nada que ver con el texto, pero la encontré muy idiota.


El culpable

  • Soy yo, el cansadorintrabajable
  • desde
  • mí mismo

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