segunda época





Educación chilena: incitación al privaticidio


Yo pierdo la paciencia con facilidad. Es tal vez mi peor defecto. Y me molesta mucho la ignorancia, la desfachatez del prepotente, a quien las reglas del juego dan por ganador de antemano.

Es la premisa que con sinceridad planteo para referirme a la educación en Chile. Porque a veces, no muy a menudo, me da por tomarme este blog en serio; y hoy quiero hablar de la educación.

El otro prejuicio que tengo, y que hará tender mi texto hacia una parcialidad absoluta (les pido que lo tengan en cuenta), es que yo abogo por el fortalecimiento de la educación pública. Es un asunto natural. Estudié en el Instituto Nacional y luego fui becado por la Universidad de Chile. Terminé mi carrera sin pagar nunca, en toda mi vida, una matrícula, y comprendo perfectamente que eso es un extraño privilegio en este –digámoslo con todas sus letras– Chile neoliberal. Sobre todo para quienes pertenecen a lo que la nomenclatura de los publicistas da en llamar grupo C2 ó C3, o tal vez D, ya ni sé.

Así que, en este sentido, hablo la lengua de la minoría, contra mi propia voluntad. Quisiera que mis referentes fueran mayoritarios, que todos hubieran podido tener la formación que yo tuve en mi colegio –creo que sigue siendo el mejor de Chile, pese a su desmantelamiento sistemático y a sus infinitos defectos–, e incluso en mi universidad, que ya viene en baja, debido también al desmantelamiento que sufrió por décadas…

Porque yo no creo que lo peor de Chile sea su fútbol, ni la calidad de su televisión, ni su sistema de transportes, sino su modelo educacional. Me da vergüenza pensar qué diría un europeo, por ejemplo, al sintonizar en la tele un programa como Mekano y ver ahí un aviso publicitario de alguna “universidad” chilena. Uso las comillas porque en realidad –y esto no es nuevo– la palabra “universidad” proviene del término “universal”, y sin embargo pareciera que los egresados de estos recintos salen de ellos perfectamente compartimentados, destinados sin más a un solo quehacer profesional, como sujetos rotundamente unidimensionales. Es algo, eso sí, que parece darse menos en las carreras humanistas, pero que de todas formas creo que existe como fenómeno.

Cierto, por otro lado, que utilizar un blog para hablar de esto es medio ñoño. Pero me da lo mismo. Prefiero dar mi opinión.

Creo que la educación en Chile es profundamente mediocre. Creo que es mediocre porque asimila todas las posturas políticas en la administración de los centros de estudios (desde la izquierda extraparlamentaria al Opus Dei tienen sus “universidades” perfectamente instaladas en el país), y nivela hacia abajo. Produce titulados disciplinados con el modelo, que al cabo de sus estudios sólo buscan hacerse un huequito en el campo laboral que las propias universidades generan o fomentan. Y como hay sobreoferta de profesionales, el asunto se vuelve rápidamente patético.

Por cierto, yo también estoy metido en el baile. Y comprendo lo impopular que es hablar de la mala calidad de la educación chilena cuando todos –quién más, quién menos– participamos de ella. Pero por eso mismo me doy cuenta de que el asunto tiene que cambiar, aunque la voluntad política nacional apunte hoy en un sentido contrario.

No voy a caer en el lugar común de decir que uno aprende cosas también fuera de la universidad. Eso es literatura, música; no es válido como argumento cuando uno lee a periodistas que no saben escribir, o cuando hay ingenieros a quienes se les caen los puentes… Y prefiero no mencionar cuál es el puntaje de ingreso a la universidad de algunos médicos que tal vez en el futuro tendrán en sus manos nuestras vidas.

El estado de la educación en Chile se presta para chistes. Y no se sale de eso, porque al fin y al cabo es un buen negocio en el corto plazo. Cuando se buscan culpables, los primeros linchados son los profesores, que en su mayoría reciben un sueldo miserable y fueron educados bajo los mismos preceptos educacionales. O sea, estudiaron poco y mal. Como todos.

Así se oculta el problema estructural. Es insostenible este modelo educacional si se busca el desarrollo real de Chile. Hay que ampliar el rol del Estado en todo ámbito educacional. Las experiencias de los países desarrollados así lo demuestran.

Por último, sé que mi opinión pesa menos que un paquete de cabritas. Pero sólo quiero decir que, al menos a mí, no me sorprenderá ver tasas delictivas altísimas en algunos años más, cuando los carabineros se hagan pocos y ya varias generaciones de estudiantes pobres se hayan criado en la mediocridad de una educación pública asfixiada y condenada al olvido.
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(Y pensaba entregar cifras, pero para qué. Es evidente que los países con mejores estándares de vida son los países nórdicos, donde el Estado garantiza la educación gratuita completa para toda la población. En Chile, en cambio, durante el último gobierno, por primera vez en la historia, la matrícula en colegios privados y particulares subvencionados superó a la de los colegios públicos. Y así estamos como estamos… El que quiera cifras, que lo diga, puedo buscarlas. No problem).


Saludos. Viva Chile.


Filosofía barata






Peaje indómito:

- Ahí tiene la plata, buenhombre. Pero déjeme decirle algo, eso sí pues. ¡Por las recrestas que es caro andar en auto! ¡El gobierno sube y sube los impuestos a la clase media!

- Caballero, ésta es una ruta concesionada...


Qué heavy


Sujeto muere por beber botella de pisco de un solo trago

Martes 21 de Marzo de 2006
10:50
El Mercurio en Internet

SAN FELIPE.- Un hombre de 28 años murió en San Felipe (Quinta Región), luego de beber en, aproximadamente, 10 segundos el contenido de una botella de pisco de 35 grados.

Según informó radio Cooperativa, la víctima, identificada como Carlos José Santos Hidalgo, llegó la tarde del domingo a la casa de un amigo donde junto a otras cinco personas bebieron cerveza.

Durante la noche, uno de los presentes lo desafió a demostrar que era capaz de tomarse una botella de pisco de un solo trago.

El hombre aceptó el reto y después siguió por algunos minutos compartiendo con sus amigos. Sin embargo, más tarde se sintió mal y se fue a acostar. Cuando sus amigos lo fueron a ver, lo encontraron muerto sobre la cama.

El caso está siendo investigado por la Fiscalía de San Felipe y la Brigada de Homicidios está a la espera del informe toxicológico que prepara el Instituto Médico Legal.

Presumiblemente Santos Hidalgo murió producto de un coma etílico, ya que el cadáver no presenta lesiones atribuibles a terceros ni indicios de haber fallecido por asfixia.




Walking around



¡La Revolución no la para nadie!






Mascando cliché (o cómo todo se vuelve oficial).


- Yo al Clinic lo encuentro choro. En la casa, siempre lo comentamos con la gorda. Aunque a veces se les pasa la mano a estos cabros, posombre. Es que son muy pelusones… Pero es un medio necesario.






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Otrosí: Algún día me auspiciará la Coca-Cola.



Me enerva, me molesta, la legitimación social de El Mercurio; su aceptación transversal; su palabra sacrosanta, inapelable, incuestionable, reconocida por moros y cristianos, por pipiolos y pelucones.

Por eso YO no lo pesco.
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Y esto es algo que dejaré en claro apenas pueda mandar una carta a El Mercurio.


(O apenas tenga el honor de concederle una entrevista).


La entrevista vista


Niñ@s: lean esto, por favor.

Pido perdón por el plagio, pero el caso lo amerita.


Salud.



Chilean way of life:

- Mami, quiero ser un rebelde.

- Ya, mijito. No se preocupe. Lo vamos a matricular en la Arcis.



Requiescat in pace, modus scribendi

– Hola. Amigos. Yo. Quiero. Escribir. En. La. Zona. De. Contacto. Creo. Que. Tengo. Todo. El. Profile. &. El. Style.
– Oye. Pucha. Fuck! Estamos. Justos. &. Además. Ahora. Nuestra. Revista. Se. Llama. Sólo. La. Zona.
– Ah, ¿sí? Pues qué lastima… Yo pensaba prestarles el Quijote.


Hoy, en Cansadorintrabajable: Crítica de Televisión.



Pido disculpas de antemano por tratar un tema así, tan inútil. Pero de verdad me interesa. ¿Por qué? Sólo porque algo de conciencia cívica todavía me va quedando y porque encuentro inconcebible el funcionamiento y la programación actual de TVN, el canal “público”.

No me detendré en lo mínimo. No hablaré de “Pasiones” ni de “Rojo”, excrecencias televisivas francamente incomentables y que ruego al cielo eliminen de la parrilla lo más pronto posible. Pero sí quiero hablar de los “documentales” que hace tiempo viene transmitiendo TVN y que se supone deberían contribuir al ensanchamiento de los limitados horizontes culturales de nuestro pueblo, pero que más bien se corresponden con la idea de lo que quisiera ver un idiota tipo Homero (no el poeta, sino el Simpson) haciendo zapping desde su sofá, escupiendo al suelo y con una cerveza en la mano.

Al grano: espero que ninguno de ustedes haya tenido la mala suerte de toparse alguna vez con “La ruta de Chile”, una insensatez terrible donde las haya. Uno de tantos pseudo documentales bautizados con el prefijo de “La ruta de” y que a partir de los últimos años de la década de los ‘90 comenzaron a suplantar la delicada estética de programas señeros como “Al Sur del Mundo” (hoy día descontinuado y eliminado de la señal abierta de Canal 13 para restringirlo clasistamente a la frecuencia por cable).

Ignoro quién es el responsable de editar esta bazofia, llena de efectos, aceleraciones y musiquillas de sobra. Una cámara que no se detiene ante nada, que parece poseída por un pendejo que olvidó tomarse su ritalín y que puede tener delante suyo la marcha de un pudú por el bosque o el abrir de las alas de un pavo real y sin embargo decide enfocar hacia las nubes. Una presentación donde los conductores sobran y llenan los oídos del televidente de datos distractivos, innecesarios; y que espero no tenga un ápice de financiamiento público… En fin, un programa que sólo recomiendo en caso de estitiquez (pero en dosis moderadas).

La explicación que humildemente me doy para entender la porfiada permanencia de estos exabruptos televisivos en nuestras pantallas es que sus “responsables” malinterpretan la lógica de los nuevos formatos (sobre todo de internet) y tratan de establecer en forma espuria una serie de hipertextos visuales y auditivos en un formato que no alcanza para ello, el reportaje documental televisivo. O sea, trasladan la clave de los links a un programa breve e interrumpido por comerciales. Y eso es absurdo (en sólo una hora no se puede pretender mostrar absolutamente todo lo que ocurre en una comarca ni mucho menos tener un guión onda Pulp Fiction).

Por cierto, no estoy pidiendo que la estética contemplativa de otros tiempos permanezca intacta. Comprendo que la presentación de estos programas debe evolucionar y que conviene hacerlos dinámicos. Pero ocurre que estos tipos metieron chala escandalosamente y su “reportaje documental” se volvió ininteligible y fugaz. Así de simple. Y además están tomándose las pantallas y nadie los detiene (vuelvo a recordarlo: piensen en todas “Las ruta de…”).
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Otra cosa, que no sé si viene a cuento pero de todas formas quiero contar: desde que los gobiernos pseudo democráticos llegaron al poder en Chile y hasta hace poco, Juan Carlos Altamirano ofició como director de Programación en TVN. A él le debemos, fundamentalmente, el diseño de televisión pública que tenemos, y por cierto también a la derecha y a la Concertación.

Pues bien, este tipo –responsable, entre otras catástrofes, de marginar de las pantallas de TVN al más premiado de los documentalistas chilenos (Patricio Guzmán, quien por cierto ofreció al canal estatal muchas veces, baratísimo y sin resultados, el mejor de sus trabajos, La Batalla de Chile, para su exhibición)–, fue reemplazado a fines del año pasado por Vicente Sabatini, un reconocido director de exitosas teleseries noventeras y que a simple vista ha mantenido la línea de su predecesor. Vale decir: continúa con los espacios en que a la cultura se le pone el apellido de “entretenida” y la relega mayoritariamente a los momentos de más bajo interés, cuando los televisores de Chile permanecen apagados.

Bajo su dirección, precisamente, comenzó hace poco a transmitirse por TVN un nuevo programa, llamado “Hora 25”, supuestamente cultural y donde parece que pusieron de camarógrafo al mismo pendejo carente de psicopedagogos que maneja los botones de “La ruta…”. Aquí, se pasean los ciudadanos de Chile que degluten la técnica de la palabra –como Camilo Marks, el afectado crítico de la Revista de Libros de El Mercurio– a comentar las ofertas más llamativas del momento (entre paréntesis: algo que deben saber es que los rankings de los libros más vendidos de la semana son siempre manipulados por las editoriales y no se condicen con la realidad, pues en ese caso Papelucho lideraría año tras año los estándares). Aquí también, en general, nadie se manifiesta ni a favor ni en contra de nada y siempre están todos de acuerdo… Un programa igual que Chile.

En fin, ya se me están fatigando los dedos y sólo quiero terminar recomendándoles que tampoco vean “Hora 25”, otra insensatez terrible donde las haya. Mejor lean cualquier cosa o prendan su televisor a las cuatro de la mañana no para ver videos musicales ni ofertas eróticas, sino un buen programa que retransmite el canal 5, UCV, y que se llama “Otra cosa es con guitarra”. Una joya de la madrugada, aunque consista en capítulos grabados en 2005 y seguro dirigida a un público marginal. Allí se puede pillar música de cámara y conciertos magistrales interpretados de punta a cabo por jóvenes músicos chilenos. Véanlo. Creo que todavía no lo sacan.


La otra es que sencillamente vean una porno. Tal vez sea lo mejor. Y para la próxima hablaré de algo más agradable. Chau.



Entrevista en profundidad al poeta Bertoni:

- Aló. ¿Estará don Claudio?

- Soy yo, huevón. Devuélveme el nombre.


El culpable

  • Soy yo, el cansadorintrabajable
  • desde
  • mí mismo

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